lunes, 15 de agosto de 2005

ALBERGUE DE VERANO

ALBERGUE DE VERANO




“La libertad de expresión no pertenece a la prensa, el poder se nutre de la desconfianza...”

Me pregunté quién había podido realizar una pintada tan buena, en un puente como el de las delicias y en una ciudad tan vieja como Burgos.

Mi amiga de internet, una morena tipo Matrix, me visitó con su tienda de campaña para ella y sus pedos como a mí me decía, era no obstante una persona distinguida:

--No me gusta la gente que no se quiere ganar la vida--dijo en referencia a mi vagancia--,odio a los niños de papá.

De alguna forma su resentimiento social me excitaba, así como verla disfrutar en una tienda de videojuegos con los productos de Playstation, pero siempre que intentábamos hacer el amor en la tienda venía algo y lo jodía.
Por circunstancias de la vida le acabé secando el cuerpo con una toalla prestada a una rubia gigante que se exhibía desde su carabana, aun así nunca fue ella la más puta, en el albergue tenía a muchas que bien la superaban.
Recuerdo que era una de aquellas furcias la que me hablaba de lo bien que se duerme después de haber amado con el cuerpo en dolor, yo le dije que pusiera a dormir a su muñeco, un vibrador que se llamaba Wily.


“Un sueño como aquellos objetos que padecieron un orgasmo letal.” me dijo un día que había tenido.

--¿Por qué me has llamado?--le pregunté a la chica
--Pensé que tú podrías arreglar mi coche
--No sé arreglar un coche.
--Tú eres un hombre, no--la chavala insistía
--Pero no soy un hombre de ese tipo.

“Alguién me envía mensajes nuevos desde teléfonos que no existen.” dejé escrito en la carta, junto a la playa, mirando al sol al despedirme.
Me daba cuenta de que no solamente había perdido vanidad, sino de que también había perdido moralidad y que ambas cosas me hacían ser una persona más feliz.
Ella aprendía conmigo de memoria su número del carnet de identidad falsificado, lo dividíamos en cifras de dos e imaginábamos que cada cifra era la edad de alguién: así salían ancianas con niños, tíos con primas, como en una familia... Recuerdo que estaba enamorado de ella y que por eso me hacía mucha ilusión quedar con ella para otro día, era lo más parecido a estar enamorado de la literatura cuando se convertía en una práctica elitista. Ahora voy a las cárceles a leer mis poemas y no al círculo de excelsos de academia.
¿Podríais entender la metáfora si os dijera que ahora con las mujeres me sucede lo mismo?
Los sentimientos son una tapadera o hay una tapadera para los sentimientos, son un betún oscuro para el alma.
Aun así no dejamos de querernos.


Añadir comentario