jueves, 15 de diciembre de 2005

Una carta màs

CARTA A DIOS















Vehículos para definir una masa de carne. El entusiasmo no era lo que más le gustaba al hombre, nació cansado. Este país está lleno de vagos pero todos se quejan por falta de trabajo, si la gente hiciera tanto ejercicio como descansa seríamos unos monstruos atléticos. Doy mi pecado por la felicidad. Yo por ejemplo vivo en un agujero donde siempre hace frío y no me importa aunque sé que todos deben pensar de mí que soy muy estúpido, pero Santo Dios, comparado con lo que tiene que sufrir la gente del tercer mundo estoy en un paraíso. Cada mañana me levanto para trabajar a las siete de la mañana y la escarcha se me queda helada en el pelo, no me pongo gomina porque se me queda mi cabello congelado y duro como el cemento y aunque gano el mínimo nacional estoy contento por tener un trabajo, un espejo sin azogue para mí mirada, muchos piensan que esto es propio de ser un mediocre pero los que lo piensan no han conocido la propia mediocridad no saben lo que es llegar de noche a casa y palpar en la oscuridad la sartén de un horno y ver que los dedos se te quedan fríos con la grasa de la sartén congelada. En esos momentos uno desearía ser tan puro como el cristal pero ya ha pasado su tiempo y sus años de pureza se han agotado. Desde que el mundo es mundo siempre me preguntado, Dios, qué tipo de persona es la indicada para sobrevivir en este planeta, yo no sé si hay que ser un hijoputa sin escrúpulos porque el hombre que nació cansado es todo lo contrario, es un bobo bueno. He conocido a muchos escritores cagamoñitas y tontocerrados con las alas quemándose dentro de su campana de cristal, pero este era realmente cojonudo, lástima que nunca escribiera nada bueno, sólo se limitaba a tomar Don Simón en un banco y a pedir limosna en otro y había llegado de Australia, donde los hombres nacen cansados, donde su padre había sido un alto mandatario del gobierno aunque él había preferido no hacer nada, dedicarse al arte en un principio y luego nada más. Las niñas del orfanato le llamaban señor miraculos porque era un pervertido con ellas aunque a mí siempre me trató bien. Tenía la frente abultada y llena de venas, hay algo en una frente abultada y llena de venas que nos hace pensar que su poseedor es un intelectual. Tenía doble ración de frente el hijoputa y yo creo que creía en ti, Dios Mío, creo que si no hubiera creído que tú le dabas tus miguitas como a los pájaros no habría seguido siendo un escritor. Con lo que ganaba de la caridad tenía un piso alquilado junto a otros tipos peor que él en la plaza del coño argales, su mujer me invitó a gazpacho en una habitación que sólo olía a eso y que, como me enteré después, no la dedicaban a otra cosa. Desde entonces ya tenía fama de mentiroso y todo lo que le contaba no le interesaba porque fuera cierto sino porque le gustaba escucharlo. Yo creo que no hay que decirle a la gente la verdad, Dios, sino lo que quiere oír. Tampoco creo que haya que buscar la verdad sino tan solo la comodidad personal, creo que si fuera un filósofo no escribiría me limitaría a pensar bocabajo y a fumar Drum a la intemperie. “Deja que el aire pase a través de ti” me decía. Yo pensaba que la felicidad consistía en disolver o reforzar el ego y que no había más camino que eso, monedas encontradas en la arena. Wily, que así se llamaba el hombre que nació cansado, me decía que la vida es insana y que para escribir no hay que escribir nunca de uno mismo sino de las personas que se conoce y de lo que se piensa y que no se comprende, también decía que todo lo que se escribe es una carta a Dios. Subíamos sólos en los ascensores que decían impidan que los niños viajen solos. Recuerdo a una chica postmo de ojos verdes, Gracia, y a su forma de hacerse la interesante encendiendo un cigarrillo con un marcado gesto masculino. Ella es anterior a Wily pero si hubiese conocido a Gracia después algo en mí hubiera sido mejor. Wily siempre decía que el impostor de sí mismo acababa siendo su propio asesino. Tengo miedo de que también los recuerdos se pudran en el recuerdo pero eso no lo dijo Wily, eso lo digo yo, eso se lo cuento yo a Dios. Wily y yo fuimos buenos amigos mientras tuve dinero pero un día que estaba pelado se ve que el hombre se aburría y me cogió de las manos y se puso a llorar. De sus lagrimales manaban unas lágrimas gordas y ardientes como pececillos en un volcán y su boca de repente me pareció repugnante no sólo por las cosas que decía sino por lo que pensaba hacer. Yo todavía seguía siendo un golfo que ni estudiaba ni trabajaba y estaba muy lejos de aprobar las oposiciones a funcionario que me dan el pan de cada día de forma miserable. Yo por aquel entonces quería ser un pequeño Rimbaud y como era guapo y cantaba muy bien me sentaba estupendamente la ropa cara y me paseaba por todos los bares de esta ciudad insana intentando apreder algo que pudiera servirme. Fue en el cisne dorado donde acabaría encontrando a Gedeón, que tenía las orejas pequeñas con lóbulos amarillos. Cuando vuelvo a recordar mis recuerdos menos nítidos las imágenes son más difusas, tengo miedo a que haya miles de pasados y que el pasado vivido sea una suma de pasados vividos recordados similares al pasado cierto. Todos buscamos una excusa para sentirnos mejor y muchos también para creerse mejor. Es casi una pesadilla pensar en todos los defectos que se han ido acoplando silenciosamente porque siempre es en silencio cuando vas a descubrir que sólo eres tu propia máscara. Gedeón me hizo aprender que la amistad sólo es un acto de rapiña y que a mi edad era un delito estar triste. De sus orejas destacar que le habían arrancado los pendientes los de la social hace mil años y que por eso ya no podía ponerse más, era un ejemplo de brutalidad policial y servía la cerveza en vasos mal lavados. Una vez que en mi casa no fregué bien los vasos me serví una cerveza que me supo como las de Gedeón y pensé que a cualquier edad es delito estar triste. De mí sólo contar que me asustan las ventanas sin cristales pero que no temo al vacío y que no duermo con el tic-tac de los relojes. Pienso a escondidas. Una vez le dije a mi madre que enamorarse es ese acto que los débiles realizan para no sentir ese sentimiento tan desagradable que tenemos cuando estamos solos y que los ilusos piensan que es soledad simplemente cuando lo terrible es que es mucho más complejo. Mi madre dijo que estaba harta de tanto sabio en la familia. En una discoteca una chica me pregunto qué haces y yo dije bailoteo con mi pequeño cuerpo sobre el humo que escupo. ¿El error es ser humano o dejar de serlo? No nos damos cuenta de que la función de la palabra, de los conjuntos de palabras, es crear una imagen mental, la verosimilitud de ésta está en función de la riqueza de ese conjunto de palabras. Sin palabra no hay imágenes por eso cuando nos morimos nos llevamos las imágenes, las palabras no, a esas tenemos que dejarlas. Juzgado y condenado no puedes ser otro, estés donde estés eres el centro de todo lo que te rodea. Recuerdo a un enano tullido en un concierto al que todo el mundo había dejado un espacio a su alrededor, allí estábamos todos apelotonados y el enano tullido dentro de su espacio de respeto. Pensé que algún día escribiría algo bello sobre él pero no se me ocurre nada. Hay muchas maneras de ser feliz pero sólo hay dos caminos: el bueno y el malo. Al final, como siempre, tú eliges. ¡Ah, vivir para el fin de semana! Aquello fue lo mejor de mis años de estudiante que no estudiaba y de escritor que no escribía. Porque lo cierto es que no he sido más que un alcohólico y un fumador, escribir era lo que me permitía tener una excusa para seguir bebiendo. Me rodeaba de bebedores que lo fueran más que yo y en el fondo lo que tenía era miedo a la vida: yo era una gran gallina con las alas perfumadas de vino, miedo a elegir un trabajo, a elegir un amor y muchísima soberbia, Dios ¡Era tan soberbio! El alcohol me hacía prepotente y estúpido pero también ingenioso, parlanchín y divertido. Yo agitaba mis alas y volaba a ras del suelo pero era pedestre cuando pretendía ser genial. Caminaba por calles vacías hasta altas horas de la noche sólo por el gusto de pasear sabiendo que en mi casa mis padres ya estarían dormidos y mi hermanos mirando la tele. A veces volvía borracho de madrugada después de haber escuchado la historia de tipejos vacíos y cargantes llenos de maldad que veían en mí un cenicero en el que echar las colillas de su alma. Todos los días me proponía escribir algo magnífico que despertara a la humanidad de su letargo de siglos y sólo conseguía emborronar mis apuntes con furiosos poemas de desamor que no le interesaban a nadie. Cuando llegué a ser premio regional de poesía por pura casualidad no me importó lo mucho que había escrito sino que la gente se quedara sin saber partes de mí que yo creía que necesitaban encontrar. Estaba cegado, llegué a pensar que yo era imprescindible para el progreso de la tierra y que el sol no se pondría con el mismo ocaso si yo no estaba presenciándolo, me volví un monstruo egoísta y eso me encantaba porque me hacía fuerte, me hacía recapacitar, me hacía sentirme vivo. Por las mañanas iba a la universidad sólo a entretenerme porque pensaba que la universidad no tenía nada que enseñarme y así en tres años comencé cuatro carreras y no acabé ninguna. Achacaba mi fracaso al sistema, yo no había fracasado, había fracasado el sistema y yo era una víctima más. Si en poco tiempo no hubiese tenido para un café habría sido la sociedad la que me habría impulsado a ser así. De no haber tenido una hermana que me hubiera aconsejado una oposición de funcionario ahora estaría muerto o sería otro de aquellos patéticos hombres que tanto me divertía escuchar. Con el tiempo he llegado a entender que era perverso, que había en mí una vena de maldad que no me cansaba de exhibir e incluso he llegado a pensar que el humo, el alcohol, mi sudor, las huellas de mis zapatos, los vasos llenos de cerveza, el cuerpo de las mujeres sugerido dentro de sus telas no han sido sino un espejismo más de mi soberbia. Claro que no todo se me iba en beber, también había tiempo para las chicas sobre todo cuando salía de ligues con mi amigo David. Conocimos una noche a dos estudiantes de periodismo a las que yo no gusté en absoluto pero que se acabaron enrollando conmigo una noche otra noche la otra y todo porque se iban turnando a David que era el que les gustaba y yo me quedaba de segundo plato. Ahora recuerdo aquello casi con devoción pero en aquel tiempo mi ego se resentía por mi puesto de secundón en amores. Bailábamos en una discoteca completamente borrachos y yo la agarraba de los pechos, eran unos pechos fantásticos, ni pequeños ni grandes y completamente sudados. Lo que más me excitó de ella era que sudase tanto por las tetas, yo no sabía que las mujeres pudieran sudar por ahí, por el coño sí...¡Pero por las tetas! Era morena y de rostro cuadrado, nariz pequeña y ojos negros. Tendría treinta años, cinco más que yo en aquella época, y tenía un coche de color verde manzana. “Si hubiese querido me habrían chupado la polla las dos” me comentó David algo envidioso de mi sudada hazaña. Recuerdo que tenía un vestido rojo, siempre me ha gustado que las mujeres se pongan vestidos. Llegué a tener cuatro amigos al mismo tiempo que se llamaban David. Éste de quién hablo era pequeño, atractivo y fuerte. Dos eran feos, de pelo ralo y músicos y el que queda era deliniante y alto y formaba parte de una pandilla de muchachos de barrio con padres separados, así que del último David lo que más recuerdo era su casa y las fiestas que hacíamos allí. Hasta que una vez se emborrachó y le dio por hacer flexiones con un compañero para retarle, me pareció una imbecilidad y no lo volví a ver. En cuanto a los músicos uno me parecía una imitación del otro así que en realidad sólo tuve un amigo, el otro era como su imitación como si cuando no pudiese quedar con él quedase con su fotocopia. Estas cosas tan extrañas han sido una constante en mi vida, he salido con hermanas de novias y en mi mente seguía saliendo con la misma chica. Creo que la duplicidad en la mente de las personas existe, que siempre tendemos a encontrarnos con un remedo de la persona con la que estamos o que si no ese remedo lo acaba creando la mente. En fin, que el escritor desiste de contar todo lo que tenía que contar porque el mundo ya lo sabe. Al dar a nuestras vidas una dirección determinada confrontamos nuestra experiencia con las de los otros y muchas veces sin actuar, simplemente por existir, nos convertimos en colaboradores o intrusos, y algunas veces, sin pretenderlo, en verdaderos enemigos. De cualquier forma siempre contribuimos con nuestra experiencia a la experiencia de los demás. El segundo tercio colonial de cerveza negra de la frambuesita venía con una garrachona de premio. En la frambuesita los davices y yo nos comíamos la garrachona y disfrutábamos de nuestros tragos de cerveza helada. El primer David había grabado una maqueta de música en solitario con la ayuda de un ordenador portátil y yo no sabía todavía que había esos inventos. La espuma nos alacanzaba de lleno en el cuerpo y nos producía eructos de placer descomunal. Yo decía David y cuatro cabezas fijas y tiesas me miraban. Ahí se encontraba Vane con su esmerilada y perfumada coleta de cabello negro y su bolso de cuero azul. Eran fines de semana perfectos de mirar a las chicas como la Vane que eran inalcanzables para nuestras feas caras y de hacer chistes sobre cómo sería montar mujeres de espaldas al cielo. En unos pocos meses mi cara guapa de niño se llenó de granos y pasé de ser un bombón a no comerme ni un tostao. A veces pienso si vale la pena recordar los viejos tiempos por eso, lo cierto es que no es más que otra excusa para matar el tiempo y pensar que escribo cuando la verdad es que estoy diciendo chorradas. Si al menos pudiera volver a ser joven, recordar aquellos cementerios humanos llenos de humo y tripas que eran mis amigos bajando por las goteras de la pared...recuerdo su cerebro lleno de excrementos y cáscaras de pipas. Su cerebro común de las cabezas tiesas. La angustia me llegaba hasta los pies aquellos días de dinero fácil trabajando en la barraca de feria como hombre desagradable, en la feria de los puñados no tenía corazón. El perfil se llenaba de voces contra masas de gas caliente y la cafetera de los ojos echaba humo negro con azúcar glas. Nunca me sentí más sólo que con leche yo era un cigarrito de chocolate en un pañal. Me decían que estaba loco y yo les recriminara que regarán los tiestos con champán y orina cagada. Me divertía orinando sobre mis cacas y dejaba repiquetear el pis sobre la caca haciendo glogloglo. Estaba harto de mi. Harto del sol en la cabellera de pus. Así que dejé de tomar las pastillas de café con leche llenas de crema y de estudiar, dejé de ser un castigo para mí mismo. Castigo descubierto, feroz imagen, llamas de la eternidad. Llamas eternas, infierno de por vida. El infierno de llamas de plástico. Astuto en la redondez de las formas y de las escaleras. Vieja canción de domingo que llamas a mis manos con arañas de plástico, qué me das de aquel niño que he sido. El olor de la mierda tan solo y no el cauce de luz. Dame el cauce de luz. Vieja canción de domingo dame el cauce de luz. Vieja canción de domingo dame el cauce de luz sobre el que amontonar mis pasos...esa es toda la pureza que necesito. Pureza para caminar hasta el monaguillo que tiene cara de diablo y que por eso le llamamos el monaguillo. El monaguillo que bebe vino de misa a escondidas. Mi amigo el monaguillo con su sonrisa de maldito con camisón. El chico de los recados de la tribu de los sedientos de placer, el amante de las estrellas de brazos amputados, el hombre que dibuja niños de sal con la espuma regurgitada de sus palabras, crestas de agua ensangrecida. El discípulo de la ceniza y de la calamidad, los que atrapan en sus entrañas las caracolas de su vientre pardo. El macho con la punta de la lengua rota que aún es pequeño. Mi pequeño amigo que retoza entre el abrigo de su madre y las cañas de azúcar, esperando ser ejecutado o besado, esperando la ejecución de las palabras. Pequeños niños dentro del niño que sigue siendo niño, muñecos retorcidos dentro de la soledad del monaguillo que cobran la soldada del amor. Los perezosos indemnes del tráfico de la vida, los que esperan a que la genialidad les visite y les espié por la mirilla y los que no saben qué es lo que no saben en su cuna pequeña. Viejos niños del mundo-dólar del dolor. Paro para los dedos. Hijos del gabinete de la prisa y de la mirada. Hacienda gastada con rameras. Hijos del betún calvo y del calcetín blando, hijos de la memoria sin memoria y de la frente de caramelo en uno de sus pelos. Soles quemados, negros soles extintos, niños de París y de Manila, niños sin abatimiento y sin divisas, niños de precio calculado y de madre ramera, amamantados por lobas, lobotomizados por zorras, electrocardiogramizados, desatendidos, despejos de dientes disparejos, abultados en sus carnes con trinchetes de musa, caminadores o paralíticos, niños-pollo y niños-pila bendita, niños hospicio y niños hospital. Carne de barra o de batalla a los que tú, Dios mío, has dejado en nuestras manitas-manos. Hijos de los locos y del profesor de la autoescuela. Hijos de la picha engrasada y del coño que huele a naftalina. Los de color de mandarina y los que son como pequeños filamentos de hierro. Los que son nuestros hijos y los que nunca lo serán ni en unos cromos...Ellos tienen la pradera llena de guirnaldas, ellos tienen la fantasía de la tierra, ellos sostienen la máscara de la impudicia, ellos son la migraña del poderoso, ellos devuelven la boca al mudo, ellos son la guirnalda de la migraña del sucio mundo, son la guirnalda de la migraña del mapa mudo...Ellos son la guirnalda de la migraña del mapa mudo...son la llama apagada de la esperanza...el azul de la llama de la esperanza...la llama azul de la esperanza...ellos son la llama azul de la esperanza...que no se apaga...son la boca del pobre y son las manos del mendigo...Ellos son la boca del pobre y las manos del mendigo...Hoy están en el aire de un canto, mañana viajan a las entrañas del mineral...Todos ellos conforman al monaguillo en calzoncillos que ha sido mi amigo siendo niño, el viejo robacuras y aparcamultas con brazos llenos de pelitos rubios, el ser que le buscó sentido a la vida. El sentido de la vida del ser del sentido de la vida, el sentido consentido de la vida, el consentido que vive el sentido de la vida que siente, el sentimiento de vivir la vida...Es que todos queremos florecer, florecer es lo que queremos pero para eso necesitamos matar las malas hierbas porque todo lo que sucede, sucede para el bien de nuestra alma. Soy un sabio optimista, Dios. Espero que tú lo hagas todo tan maravilloso cómo siempre lo has hecho...¡Cómo es que das libertad al hombre para obrar mal! El libre albedrío. Alguien dijo que hablar a Dios es hablar sólo pero al revés. La vieja tristeza no nos podrá más. Vierta la vieja tristeza en una taza sucia y désela a beber a su alma de ayer, deje que el poso le dibuje muerto con cara de sigilo y que la muerte le llegue en plena sospecha. Oh, muerte, por qué nos condenas. Ya sería todo más fácil sin ti cuando apareces...y...vieja condena a muerte, tristeza de muerte, muerte de tristeza....de dónde sacas tus ijares para beber la tristeza de ayer. Osamenta, armazón, restos, huesos...materia. No. El espíritu es lo que debemos desarrollar, es lo importante. Debemos procurar fundirnos con la divinidad por medio de experiencias místicas. Sólo de esa forma lograremos ser felices. De otra manera nos daremos a la humedad oscura. Y es que la gente tiene terror a que le indiquen la puerta de salida, eso es saber que realmente cuando creamos sólo inventamos monstruos. La gente tiene ganas de que algo bonito ocurra en su vida o que ese día bonito llegue pronto. Todos los días nos despertamos del mismo modo y hacemos las mismas cosas pero el que vive es el que trabaja para sí mismo y el que se busca un lugar en el gran mundo. El resto formamos parte de la estructura pequeñita echa círculos, formamos parte de la estructura nimia e insignificante de los seres que viven por inercia o para beber el fin de semana. Somos los que tenemos trabajos embrutecedores o los que ya nacimos embrutecidos. En nosotros es difícil la luz, Dios, por qué nos has hecho tan imperfectos a nosotros que sólo queremos amar y ser amados sin interrupción. La vida ya es lo suficientemente dura con la vejez, la enfermedad y la muerte como para añadirle el horror de las guerras y eso es lo que la gente tiene que entender algún día y no se trata de ser pacifista sino de tener sentido común, Dios quiere que nos amemos como una gran pandilla de hermanos...¡Y nosotros incurriendo siempre en el mismo error! Hay algo que he aprendido y es a tener una vida poética y también a amar el trabajo que hacemos, tenemos que amar lo que hacemos, amar nuestro trabajo porque si no se nos harán muy duras las horas en las que tengamos que trabajar y no disfrutaremos de lo que hacemos. ¡Por qué nos daría Dios el trabajo!¡Dios por qué lo hiciste con lo bien que estaba yo sacándome los mocos después de las comidas! Y luego soplaste sobre mi costilla y salió una tía, pero eso fue al principio de los tiempos, hace ya muchos años. Parece que estoy bloqueado como escritor porque no consigo reunir la suficiente belleza por un lado y porque temo las críticas por el otro y porque todo el mundo lo hace mejor que yo. Y además me siento viejo y pellejo, cansado y harto. Antes disfrutaba mucho con mi trabajo y ahora estoy deprimido, por qué, Dios, qué fracaso...Debe ser la medicación, los antipsicóticos y aunque parezca una tontería también debe ser no tomar copas, y es que no hay nada mejor para la muerte de un bebedor que dejar de beber. Me pongo malísimo, he dejado las copas y no sé para qué vivo. Antes vivía para las copas y ahora vivo para decir soy un ejemplo de alcohólico y aprended que es malo ser como yo. Os lo juro, no dejéis de beber de repente que la palmáis. No es broma. Ahora mismo me tomaría un par de whiskeys y me quedaría tan ancho. Lo único bueno que he hecho en esta vida es no hipotecarme ni vender mi alma a los bancos. Mis novelas están en las editoriales sujetando las sillas que están viejas o empapando los cafés que se caen. La historia del vieno Gabriel no le interesa a nadie, mis poemas están en algún lugar de la red que no mira nadie, me he gastado 20 euros por mes enviando a concursos. Yo no sé si será esta ciudad en la que, admitámoslo, no hay muy buen rollo, no hay química entre la gente...Madrid es una ciudad que te aplasta, tienes que sobrevivir...De otra forma te quedas solo escuchando las quejas de tu mujer. Hay que ser supercompetitivo o fracasas. No sólo es que haya que tener talento es que tienes que tenerlo cuando eres joven porque si no no cuenta. Algeciras está bien para vivir, y Sevilla o Granada...Pero en las grandes ciudades eres un microbio con las antenas frotándose contra otras antenas de otros microbios permanentemente en pugna, lo poco que tengas de bueno te lo van a envidiar y nadie te va a ayudar a resolver lo que tengas de malo. Dios, estas sociedades que hemos hecho son la gran mierda...afortunado eres si tienes un trabajo aunque sea una precariedad...qué desastre de vida, algunas veces yo no tengo ni para comer, ni para comprar pan y entonces me muero por una copa. Me muero por una copa y no tengo ni pan. Pero como todos los días. El secreto de la felicidad es ser agradecido, dar gracias por poder comer—sin pan—todos los días y no mirar que no sabes ya ni de que color era el vino... BUAAAAA...BUAAAA...BUAAAA Vale, ya he llorado un poco, ya me he quedado a gusto. Dios mío, gracias por todo lo que tengo. Por mi mujer que me ama y por la familia que me ama, por los amigos que me cuidan y por la gente que me quiere, por el trabajo que tengo y por el talento que me has dado y por la salud que tengo y por mi fuerte juventud a pesar de mis problemas mentales. GRACIAS. Me siento mucho mejor, el señor es bueno y misericordioso, eso es. El señor es compasivo y misericordioso, lento a la ira...ya no me acuerdo de la canción. Cuando era pequeño cantaba en el coro del colegio, los profesores temían desilusionarme si me decían que con la voz que tenía no podía cantar. En los colegios de ante había caridad. Es la puta verdad, Dios. Si el niño quería cantar y era tartaja pues dejad que cante el muchacho. Si el niño quiere jugar al baloncesto y enanito, pues dejad que juegue el muchacho. Así con todo, Polidoro. No hay que jugar con las cosas de comer, yo jugaba con ellas y eso me daba dolor de tripa, dolor de corazón. Debo buscarme un trabajo serio que me permita tener para tomarme una cerveza en domingo. Vivir para el fin de semana. Crear un poema genial. Pensar en una frase bella y luego en otra y juntarlas en un verso. Arroyos o caminos. Camino de algo. Dirección es una palabra bonita. Alma también. Entonces alma sin dirección, no. No tengo alma, no. Trayecto de las almas, no. No tengo inspiración, sí. Eso es lo que me pasa, no. No tengo el trayecto, no recuerdo el tránsito. Me vuelvo loco, si, me vuelvo como un rinoceronte sin pasamanos. Tengo que contar, si. Soy un hombre sin contar. Soy un relato sin contar. Dame, relato sin contar al hombre que soy. Dame una caña. Necesito una copa, si. Un poema que diga dame una caña, necesito pescar. Tal vez deba descansar y tratar de leer un poco. Quizás a Falukner. Faulkner me gustaba borracho, era un gran bebedor Faulkner. No. Escribir por escribir, no. Escribir una frase para tener una frase no. Los niños iban a misa los domingos y creían en Dios los domingos. La luz sobre las plazas, siempre la luz sobre las paredes. Aquí hay un verso. La luz de la pared. Volved a la luz. Hay gente que sólo necesita café...café les basta para estar despiertos. Necesito chiribitas de luz. Necesito mi magia, mi antigua manifestación, necesito sentirme agigantado y necesito todo ese tiempo que despacio he gastado conmigo, eso es lo mejor, eso es lo que busco y no el tiempo. Quizás también el sentimiento de encontrar bnaste para mi paz de espíritu aunque no sé si eso puede bastar a mi mejor intención, ya no lo sé, solo sé que lo primero que tienes que hacer para encontrarte bien es encontrarte bien y hacerlo sentir a los demás, saber que no tienes huesos de pollo en el cerebro ni sabandijas chupándote la espalda...Pero saberlo cuesta, los ángeles pueden ver el silencio, ellos están detrás de nosotros y nos observan con sus miradas vueltas, que es lo que dios sabe decir de nosotros, un pequeño dios con un país recoleto...Un ser que no sabe estar solo y no quiere que le acompañe nadie y que se siente fatalmente infeliz, que quiere drogas, que quiere estar dentro de sí...


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